
Viene de: Los inicios III.
Luego de hacer las modificaciones pertinentes a los documentos del primer envío (dentro de las cuales estuvo también el cambio de mi estado civil, puesto que me casé en enero de 2009), y revisar que toda la información fuese coherente, la consultora volvió a enviar mi archivo, iniciando así, una vez más, el proceso para la obteción de la visa de residencia permanente. En esta oportunidad, los documentos ya no se ingresaban en la embajada canadiense en Lima (debido a los cambios ocurridos en el proceso) sino que, eran enviados directamente a Canadá, a la oficina centralizada de Sydney, Nova Scotia.
La aplicación se envió a mediados de mayo de 2009, a partir de allí sólo quedaba esperar, otra vez, y confiar en que las observaciones hechas a la aplicación anterior no jugaran en contra de este segundo intento. Confieso que fueron días de mucha tensión los que siguieron, constantemente revisando en línea el estado de mi aplicación, a la espera de la respuesta positiva para poder continuar con el proceso. Otra de las cosas que me preocupaban bastante, era que la fecha de validez de mi certificado del IELTS terminaba a fines de mayo de 2009, con lo que si mi archivo era observado y devuelto nuevamente, tendría que volver a rendir el examen y, honestamente, no tenía muchas ganas de repetirlo todo.
Así pasaron varios meses, hasta que, cuando menos lo esperaba, finalmente recibí la notificación de la consultora, informándome que la embajada había dado el visto bueno a mi aplicación y que me estaba solicitando el envío del segundo archivo, conteniendo toda la documentación de sustento: certificado de matrimonio, certificados profesionales, certificado del IELTS, certificados de antecedentes penales y un largo etcetera. Por fin las cosas volvían a estar en su sitio y yo volvía a sentir que la oportunidad de obtener la visa, era real.
Juntar todos los documentos que se debían incluir en el segundo archivo no iba a ser fácil. Junto con mi esposa nos organizamos para poder tramitar los certificados de las oficinas estatales durante una sola semana, yo pedí algunos días libres en el trabajo para poder recoger todo cuando estuvo listo. En casa tuvimos que buscar y ordenar otra parte de los documentos. Tuvimos que recurrir a los amigos en nuestros trabajos, para que algunos de los documentos que nuestras empresas no nos habían entregado, fuesen generados a la brevedad posible. Yo busqué una notaría que estuviera cerca de mi oficina para poder ir y venir de allí durante la hora de refrigerio. Por estar ubicada en Miraflores, los precios eran un poco altos, pero la ventaja fue que podía ir llevando los documentos que necesitaban ser legalizados conforme los iba obteniendo e ir armando el archivo de a pocos, sin tener que esperar hasta el final.
Durante esta etapa, nuevamente el tener una consultora al lado se convirtió en una ventaja para mí. Entre la información que me dieron, y que me ahorró mucho tiempo y dinero, estuvo: Exactamente qué documentos necesitaba, dónde tenía que tramitarlos, cuáles eran los horarios de atención de las diferentes oficinas, qué información adicional tenía que dar para que no hubieran errores al momento de que se generaran los documentos, qué traductor certificado podía encargarse de todas las traducciones que necesitaba, qué cosas necesitaba notariar y traducir, qué otros documentos podía presentar para sustentar algún otro que la embajada me solicitaba, pero que por diversos motivos no tenía.
Nos tomó, a mi esposa y mí, un poco más de 2 meses el poder tramitar todos los documentos, legalizarlos, traducirlos y ordenarlos. Cuando todo estuvo listo, la consultora se encargó de ingresar el nuevo archivo a la embajada de Canadá en Lima y nosotros, nos sentamos nuevamente a esperar, pero con mucha más confianza en que todo saldría bien.
Luego de hacer las modificaciones pertinentes a los documentos del primer envío (dentro de las cuales estuvo también el cambio de mi estado civil, puesto que me casé en enero de 2009), y revisar que toda la información fuese coherente, la consultora volvió a enviar mi archivo, iniciando así, una vez más, el proceso para la obteción de la visa de residencia permanente. En esta oportunidad, los documentos ya no se ingresaban en la embajada canadiense en Lima (debido a los cambios ocurridos en el proceso) sino que, eran enviados directamente a Canadá, a la oficina centralizada de Sydney, Nova Scotia.
La aplicación se envió a mediados de mayo de 2009, a partir de allí sólo quedaba esperar, otra vez, y confiar en que las observaciones hechas a la aplicación anterior no jugaran en contra de este segundo intento. Confieso que fueron días de mucha tensión los que siguieron, constantemente revisando en línea el estado de mi aplicación, a la espera de la respuesta positiva para poder continuar con el proceso. Otra de las cosas que me preocupaban bastante, era que la fecha de validez de mi certificado del IELTS terminaba a fines de mayo de 2009, con lo que si mi archivo era observado y devuelto nuevamente, tendría que volver a rendir el examen y, honestamente, no tenía muchas ganas de repetirlo todo.
Así pasaron varios meses, hasta que, cuando menos lo esperaba, finalmente recibí la notificación de la consultora, informándome que la embajada había dado el visto bueno a mi aplicación y que me estaba solicitando el envío del segundo archivo, conteniendo toda la documentación de sustento: certificado de matrimonio, certificados profesionales, certificado del IELTS, certificados de antecedentes penales y un largo etcetera. Por fin las cosas volvían a estar en su sitio y yo volvía a sentir que la oportunidad de obtener la visa, era real.
Juntar todos los documentos que se debían incluir en el segundo archivo no iba a ser fácil. Junto con mi esposa nos organizamos para poder tramitar los certificados de las oficinas estatales durante una sola semana, yo pedí algunos días libres en el trabajo para poder recoger todo cuando estuvo listo. En casa tuvimos que buscar y ordenar otra parte de los documentos. Tuvimos que recurrir a los amigos en nuestros trabajos, para que algunos de los documentos que nuestras empresas no nos habían entregado, fuesen generados a la brevedad posible. Yo busqué una notaría que estuviera cerca de mi oficina para poder ir y venir de allí durante la hora de refrigerio. Por estar ubicada en Miraflores, los precios eran un poco altos, pero la ventaja fue que podía ir llevando los documentos que necesitaban ser legalizados conforme los iba obteniendo e ir armando el archivo de a pocos, sin tener que esperar hasta el final.
Durante esta etapa, nuevamente el tener una consultora al lado se convirtió en una ventaja para mí. Entre la información que me dieron, y que me ahorró mucho tiempo y dinero, estuvo: Exactamente qué documentos necesitaba, dónde tenía que tramitarlos, cuáles eran los horarios de atención de las diferentes oficinas, qué información adicional tenía que dar para que no hubieran errores al momento de que se generaran los documentos, qué traductor certificado podía encargarse de todas las traducciones que necesitaba, qué cosas necesitaba notariar y traducir, qué otros documentos podía presentar para sustentar algún otro que la embajada me solicitaba, pero que por diversos motivos no tenía.
Nos tomó, a mi esposa y mí, un poco más de 2 meses el poder tramitar todos los documentos, legalizarlos, traducirlos y ordenarlos. Cuando todo estuvo listo, la consultora se encargó de ingresar el nuevo archivo a la embajada de Canadá en Lima y nosotros, nos sentamos nuevamente a esperar, pero con mucha más confianza en que todo saldría bien.





